Farenheit (The Indigo Prophecy)

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Cada cierto tiempo aparece en el mercado un videojuego llamado, según las revistas del sector, a salvar el género de las aventuras gráficas. El que esto ocurra tan frecuentemente hace pensar en que el género, por mucho que se empeñen los articulistas, no debe ir tan mal, teniendo en cuenta que los seguidores de los FPS se llevan decepción tras decepción, año tras año.

Captura de Farenheit

El último candidato a ocupar las listas de los más vendidos en todo el mundo es “Farenheit”, rebautizado en USA como “The Indigo Prophecy”. Este videojuego con tintes paranormales es sin duda uno de los mejores juegos con los que me he encontrado ultimamente y sólo cuenta con un problema a la hora de convertirse en aventura gráfica del año. Este único problema, es que de hecho, no es una aventura gráfica.

Indigo Prophecy se podría describir mejor como una película interactiva, dada la total carencia de puzzles, que se ven sustituidos por un pequeño juego al estilo Simon que puede llegar a hacerse un tanto pesado si no puedes disfrutar de algunas secuencias de video.

Farenheit comienza con una secuencia en la que Lucas Kane, tras entrar en trance, comete un asesinato a sangre fría asestando varias puñaladas en el pecho de un desconocido en el baño de una cafetería de Nueva York. Cuando recuperamos el control del personaje tendremos varias opciones que pueden hacer la vida más fácil a los detectives encargados de investigar nuestro caso cuando los manejemos.

Una persona normal en la situación de Lucas tal vez intentaría salir corriendo del local cubierto de sangre, debido a la confusión. Si hacemos esto, evidentemente, seremos el principal sospechoso desde el comienzo. Pero podemos intentar esconder el cadáver y el arma del crimen y lavar los restos de sangre para complicar las cosas a la policia. O bien sentarte normalmente a tu mesa para disfrutar del plato del día y un café.

Y lo mejor es que estas acciones no sólo influencian la narrativa, sino el estado emocional del personaje, que puede llegar a suicidarse si su moral cae de un cierto nivel.

Los gráficos, aunque mejorables, cumplen con su cometido y brillan especialmente en los movimientos de los personajes, muy naturales, basados en técnicas de captura de movimiento.

La música, junto a el guión y la ambientación, es uno de los aspectos sobresalientes. Mención especial a “Sandpaper kisses” de Martina Topley Bird; sólo por esa canción merece la pena pagar los 39,99€ del videojuego.